Movimiento filosófico-místico del mundo greco romano que abarcaba numerosas sectas surgidas en muy diversos lugares y bajo impulsos de distintos dirigentes, Simón el Mago, Bardasanes, Carócrates... A pesar de sus diversidades en manera de presentar la doctrina, todas las sectas gnósticas tenían en común una gnosis secreta sobre la formación del Universo y sobre la naturaleza y el destino del hombre. Básicamente respondían al deseo muy extendido de explicar la naturaleza humana como un compuesto del alma inmortay etérea, y cuerpo mortal y material. Esta situación se subraya generalmente a través de una cosmogonía en que el mundo era resultado de la intervención de un demiurgo de rango inferior al ser supremo, que frecuentemente era identificado como Mente.Nous; Vida-Zoe; Luz-Phos.
El movimiento gnóstico ha sido una de las influencias más poderosas en la Historia de la espiritualidad. Las creencias gnósticas contribuyeron decisivamente a moldear las doctrinas del cristianismo convencional, y gnósticos fueron los primeros herejes declarados como tales por la Iglesia en los siglos iniciales de la era cristiana.
Los orígenes del gnosticismo son oscuros. En el siglo i d.C. hay trazas de actividad gnóstica en Egipto y Palestina, y en el decurso de los siglos siguientes se aprecia su extensión por todo el Imperio romano y la vecina Persia. La escuela gnóstica llamada maniqueísmo tuvo seguidores en una amplia zona desde España hasta China, y algunos estudiosos dicen que el cristianismo ortodoxo también adoptó algunas actitudes e ideas de los gnósticos y las propagó por todo el mundo.
Nunca fue un movimiento unificado, sino una serie de escuelas o de maestros cuyas ideas comparten rasgos comunes. Al estudiar estos aspectos parece que confluyeron en el pensamiento gnóstico tendencias ya presentes entre los judíos, los griegos y los egipcios. Los canales de comunicación establecidos en el mundo antiguo por el Imperio helenístico a partir de Alejandro Magno, y luego por el Imperio romano, facilitaron el libre flujo de las ideas en el área mediterránea por primera vez en la Historia, de donde resultaron numerosas religiones y filosofías híbridas. El gnosticismo fue una de ellas.
Muchos miembros de los grupos gnósticos eran cristianos y afirmaban que Jesucristo era el Salvador y había enseñado las ideas que ellos predicaban; otros, como los seguidores de Simón el Mago, no tenían que ver con la influencia cristiana; podemos pensar que los gnósticos no cristianos disputaron la atención del público a los primitivos cristianos. A su vez los ma-niqueos eran gnósticos que reconocían la divinidad de Cristo, pero creían que su mensaje había sido superado por las enseñanzas más recientes del profeta Mani. Tanto los gnósticos cristianos como los católicos eran seguidores de Cristo, pero diferían en varios puntos importantes. Los católicos enseñaban que Cristo era un ser humano verdadero, con un cuerpo físico real, que vivió en la tierra. Después de su resurrección subió a los cielos dejando a sus apóstoles la doctrina salvífica. Muchos gnósticos rechazaban la noción de que Cristo hubiese tenido un cuerpo físico: ¿era posible que un ser divino tuviese un cuerpo hecho de carne como cualquier vulgar mortal? Ellos propugnaban que Cristo se había aparecido en forma no material, a manera de espectro, lo cual constituye la herejía llamada docetismo. Por consiguiente, el crucificado fue otro, que no Cristo, o la pasión de Cristo en la cruz fue mera apariencia.
Además, los gnósticos no creían que Cristo
hubiese abandonado la tierra para residir en algún lugar
inaccesible de los cielos hasta la Segunda Venida, sino que nunca
dejó de
aparecerse a sus discípulos y que cualquier gnóstico
podía recibir las enseñanzas divinas por medio de una
visión.
Si las enseñanzas de Cristo «de una vez para siempre
han sido transmitidas a los creyentes» como dice la Carta de
Judas (1, 3), entonces los sucesores oficiales délos apóstoles,
es decir, los sacerdotes y los obispos de la Iglesia, son guardianes únicos
de las verdades que dejó Cristo, y sería lógico
exigir a la comunidad cristiana fe y obediencia. Por el contrario,
si todavía fuese posible recibir revelaciones directamente
de Cristo, como pretendían los gnósticos, es obvio
que disminuye la importancia de la fe en las interpretaciones transmitidas
por otras personas, incluidas las autoridades eclesiásticas.
También la importancia que los gnósticos atribuían al conocimiento de uno mismo va contra la sumisión a la jerarquía. El mundo como valle de lágrimas también era contemplado de manera drásticamente distinta por los cristianos católicos y los gnósticos. Según los primeros,el mundo fue creado por un Dios benévolo y concebido como un lugar feliz. El sufrimiento de los humanos en el mundo es conKuencia de haber elegido ellos apartar-se de Dios por el pecado. Para los gnósticos, el mundo en que vivimos no lo creó el Dios más alto, sino otra entidad inter-media, en cuyo proceso quedaron atrapadas algunas «perlas» o chispas de la luz divina. Entre dichas chispas figura el yo tal como lo concibe la gnosis. El sufrimiento proviene de hallarse los humanos prisioneros en ese mundo creado cuyo dueño es un ser trastornado o malévolo que finge ser Dios. En total contraposición con las opiniones de los cristianos ortodoxos, muchos gnósticos identificaron a este impos-tor con el Dios del AT, y decían que Cristo no había sido enviado por éste, sino por ¡El Dios más alto.
Si ei cristianismo ortodoxo, al menos al principio, admitía la bondad del mundo material, entre los gnósticos hubo di-versas posturas al respecto. En un extremo estaban los maniqueos, para quienes la materia era, sencillamente, el imperio del Mal. Otros grupos gnósticos profesaban que la salvación implicaba no tanto huir de lo material como un cambio de la conciencia. Según esta opinión, el mundo material tal como lo experimentan corrientemente las gentes a través del filtro de su ignorancia es, en efecto, malo. A la luz de la realización gnóstica, sin embargo, se descubre que el mundo es el Reino de Dios mismo, una vez libre de la dominación del dios menor y desequilibrado que lo creó. Esta distinción entre las variantes de la actitud gnóstica frente a lo ma-terial frecuentemente ha sido descuidada por los adversarios, según los cuales aquélla no veía en el mundo sino el «lodo» y el "poder de las tinieblas». Para los gnósticos, como creían en las revelaciones personales, las Escrituras no eran un cuerpo cerrado. Ireneo de Lyon, el principal adversario del gnosticismo du-rante el s. II, se quejaba de que las verdades de los gnósticos cambiaban todos los días, de resultas de sus elucubraciones. En el plano político, los cristianos dudurante las épocas de persecución fueron partidarios de imitar a Cristo y aceptar el martirio. Muchos gnósticos, basándose en sus convicciones docetistas, no creían que sufrir el martirio fuese imitar a Cristo en ningún sentido, y adoptaban una postura más acomodaticia frente a las averiguaciones de la autoridad romana.
Al partido ortodoxo, la importancia asignada a la fe y al magisterio
de la Iglesia le ayudó a desarrollar una estructura jerárquica,
no democrática. Cuando se elaboró el canon del NT,
los textos elegidos por los obispos no fueron los de mayor autenticidad
histórica real o percibida, sino aquéllos cuyo contenido
venía a corroborar dicha estructura de poder, según
ha observado Elaine Pagels. El control que ejercía la Iglesia
sobre sus fieles fue tan eficaz que el cristianismo acabó siendo
adoptado por el Imperio romano como religión oficial, en una
tentativa por consolidar el orden social. En cambio, las creencias
gnósticas, salvo la excepción del maniqueísmo,
no se prestaban a constituirse en organizaciones de control social;
sus comunidades fueron menos rígidas y sus tendencias anárquicas
tal vez explican por qué no conquistó nunca el poder
político y acabó siendo desterrado de Europa. El maniqueísmo
por el contrario quedó muy bien organizado en Persia desde
sus comienzos en el s. m, con una escala establecida de dignidades
eclesiásticas y una doctrina de obediencia a la organización,
de ahí la supervivencia que tuvo en Asia hasta el s. xvn.
La presencia del gnosticismo influyó en la cosmovisión
de la cultura occidental; frente a los complejos escritos doctrinales
y poéticos de los gnósticos, la Iglesia se vio obligada
a definir posiciones sobre muchos asuntos. Como ha escrito el autor
cristiano (ortodoxo) moderno Harold Brown, «puede decirse que
la doctrina gnóstica fue la madrastra de la teología
sistemática, en el mismo sentido que vale decir que la herejía
es la madrastra de la ortodoxia». Una noción ligeramente
distinta es la del famoso pensador contemporáneo Adolf von
Harnack cuando sostiene que durante los siglos i y H la cristiandad
ortodoxa se esforzó por absorber ideas de la filosofía
griega para refinarse y dotarse de instrumentos con que responder
al desafío gnóstico. Algunos estudiosos creen que el
neotestamentario Evangelio de Juan fue un intento de desarmar a la
competencia gnóstica reinter-pretando algunos de los mismos
conceptos de ésta en un sentido ortodoxamente cristiano; y
la respuesta de Ireneo a los gnósticos, Contra las herejías,
compuesta hacia 180 d.C., es al mismo tiempo el primer ensayo coherente
de una teología cristiana ortodoxa.
Tampoco se descarta la infiltración directa de ideas gnósticas;
que el mundo y la carne son, no ya bajos y malos sino propiamente «enemigos
del alma», es doctrina oficial por lo menos desde Agustín
de Hipona, influyente Padre de la Iglesia y ex maniqueo.
El choque entre la ortodoxia y el gnosticismo probablemente no acabó con
la decadencia de las antiguas ideas gnósticas en Occidente.
Algunos de los importantes movimientos heréticos que aparecieron
en Europa durante la Edad Media, como los bogomilos y
los cataros, pudieron ser debidos a influencias supervivientes de
las enseñanzas gnósticas. Ni diremos
tampoco que el gnosticismo haya desaparecido hoy día. Aparte
la presencia de las nociones de autoconocimiento y respeto a la
imaginación en las teorías psicológicas de C.G.
Jung, algunos comentaristas ven resurgir ideas gnósticas apenas
disfrazadas en el seno de la cristiandad convencional a través
de las enseñanzas de personajes tan conocidos como Paul Tillich
y Teilhard de Chardin. En años recientes se ha registrado
incluso la aparición de organizaciones expresamente gnósticas,
como la Ecc/esia Gnóstico Mysíeriorum de California.