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El Mokele-Mbembé |
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El Mokele-MbembéUn Enigma Africanohttp://www.mundoparanormal.com/docs/criptozoologia/mokele.html essie no está solo. En regiones remotas a inaccesibles de África quedan dinosaurios vivos, si damos crédito a testimonios de nativos y expedicionarios que han descrito animales semejantes a los grandes saurios que se suponían desaparecidos. ¿Quedan dinosaurios vivos en la actualidad? Esta pregunta,
que en un principio puede parecer absurda, no lo es tanto si hacemos
caso de los testimonios provenientes de algunos de los más
remotos a inaccesibles pantanos del África
ecuatorial o de las diferentes zonas lacustres del globo. Estas narraciones
hablan de la presencia de un extraño animal de gran tamaño,
tronco voluminoso, patas corpulentas, pequeña cabeza, cola
grande y musculosa y un largo cuello. Tal descripción, que
parece extraída de un libro de paleontología,
coincide con la de un tipo de animales que se creía extinguido desde
hace 65 millones de años: los dinosaurios. Estos testimonios, surgidos
no sólo
de nativos sino de científicos y exploradores europeos que han tenido
la ocasión de contemplarlos, hacen suponer que los grandes saurios no
están completamente extinguidos. Tras esta visión, las dos piraguas que formaban parte de la expedición se alejaron lo más rápido posible mientras los indígenas no cesaban de gritar aterrados: «Mokele-Mbembé». Hablando más tarde con los nativos de la zona, todos coincidieron en que en esos parajes vive un terrible animal, el Mokele; un ser que pese a ser vegetariano -se alimenta de lianas- es un terrible enemigo de hipopótamos y cocodrilos que evitan pasar por la zona donde habita esta temible bestia. La existencia de este extraño animal en las regiones pantanosas del
corazón de África es casi como un secreto a voces. Voces que
dan los indígenas, para los que su existencia está fuera de toda
duda, y también los pocos occidentales que han podido ver a este excepcional
animal, que podría ser una reliquia del pasado. Otra expedición, en esta ocasión de científicos de la universidad de Brazzaville: repitió pocos meses después el intento de encontrar esa bestia misteriosa que se dice habita en las apartadas marismas. En esta ocasión, los científicos tuvieron más suerte. El biólogo Marcellín Agnagna y su equipo se encontraron frente a frente con ese animal. Se trataba de una especie con aspecto distinto a cualquier otra conocida hoy día, y con una morfología muy similar a la de un gran dinosaurio saurópodo, que, como si proviniese de una máquina del tiempo, parecía surgido del Mesozoico, período del secundario en que los grandes saurios dominaban la Tierra. Por desgracia, tampoco en esta ocasión fue posible obtener la prueba definitiva para demostrar al mundo entero la existencia de este fósil viviente, conseguir la captura de un ejemplar. La complicada orografía, el intrincado laberinto de pantanos y ríos que se entrecruzan, es sin duda uno de los principales garantes del anonimato de los que tal vez pueden ser los últimos dinosaurios sobre nuestro planeta. Otras expediciones que se han realizado a la zona, tampoco han sido jalonadas por el éxito. Tras El Monstruo De Las MarismasUna de las últimas exploraciones la realizó un equipo de once japoneses, entre marzo y abril de 1988, algunos de los cuales habían participado con anterioridad en otros viajes a la zona. Las marismas del lago Telle, en la misma región de Likuala, fue el terreno elegido para realizar la expedición; numerosos lugareños habían testificado sobre su contacto directo con el monstruo. Uno de ellos afirmó haberlo visto entrar en el lago apenas un mes antes, y otro, un cazador de elefantes llamado Inmanuel Mongoumelo, dice que lo vio en los ríos Sanga y Bai, que están conectados con el lago Telle. Incluso varios de los ancianos de la aldea recuerdan que, a principios de siglo, una de estas criaturas fue cazada por los pigmeos de la cercana zona de Oumé. Los expedicionarios sólo pudieron ver en una ocasión, un gran objeto negro flotando en el centro del lago, pero la niebla les impidió observar más detalles. La sospecha de que en algunas apartadas zonas del continente africano hay un extraño y enorme animal de costumbres anfibias no es algo reciente. Uno de los grandes exploradores y cazadores del pasado siglo, Alfred Aloysius Horn, pudo ver personalmente las pisadas de un desconocido animal que los indígenas del Camerún llamaban «Jagonini», que quiere decir «el buceador gigante». "Las huellas de la bestia eran del tamaño de unas grandes sartenes, pero con tres enormes garras", cuenta este traficante y cazador, que recogió abundantes testimonios entre los nativos sobre la fiereza de la bestia. Años más tarde, en 1913, el capitán de las fuerzas coloniales
alemanas en Camerún, el barón von Stein zu Lausnitz, realizó una
completa investigación sobre las riquezas minerales y naturales de este
territorio que estaba administrado por el Imperio Alemán. Unos párrafos
de su trabajo, hablan de que «existe al parecer, una criatura que causa
el terror entre los negros de determinadas zonas del Congo, del bajo Ubangui,
del Sanga y del lkelemba, al que se le da el nombre genérico de «Mokele-Mbembé».
Según diversos relatos provenientes de guías experimentados,
el animal es de color oscuro, piel lisa y tamaño cercano al de un elefante.
Su cuello es largo y flexible y cuenta con una cola de gran poder». |
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