Examinan físicos pieles momificadas

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Mediante un sistema que no daña las muestras, expertos de la UNAM autentifican proceso natural de conservación de epidermis
Por Patricia López
Grupo Reforma

Cd. de México (12 mayo 2005).- En el primer estudio de su tipo en el País, científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) analizan la estructura molecular de piel de momias mexicanas de 500 años de antigüedad, y la comparan con muestras de epidermis de hace un siglo y actuales.

Utilizando un método de espectrometría, basado en la emisión de un haz láser que hace vibrar las moléculas de la muestra cuando la luz la toca y se dispersa, María Antonieta Mondragón Sosa, del Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada (CFATA) de la UNAM, identifica la estructura molecular de la capa más superficial de la piel y obtiene datos sobre el deterioro del tejido, la presencia de ácidos grasos y proteínas que lo forman, y comprueba si la momificación es natural o producida por procesos como el embalsamado.

"Tenemos dos años con esta línea de investigación conjunta con la antropóloga física Josefina Mancilla, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien nos proporcionó pequeñas muestras de piel de momias de 500 años de antigüedad localizadas en Chihuahua", dice Mondragón desde su laboratorio en el campus Querétaro de la UNAM.

Las muestras momificadas son de la capa más externa de la piel, llamada estrato córneo. En la piel, las células superficiales se sustituyen con frecuencia con nuevas células y se renuevan por completo en un período de 28 a 45 días.

Esta característica dificulta la conservación de la epidermis al paso del tiempo y requiere estudios profundos para conocer su conformación. La espectroscopía, basada en la interacción de la luz con la materia, es una vía para indagar la composición interna del tejido.

Doctora en física y experta en estudios con emisiones luminosas, Mondragón utiliza en este trabajo la espectrometría Raman, cuyo nombre honra al físico indio que obtuvo el Premio Nobel de Física en 1930 por descubrir un efecto de frecuencia luminosa, técnica que tiene la virtud de dirigir un láser sobre muestras biológicas, textiles, cerámicas, metálicas o artísticas, sin afectarlas.

"Es un método que ilumina con baja potencia, en mil 64 nanómetros en la parte infrarroja del espectro. Este tipo de muestras hay que iluminarlas con baja potencia para que no se dañen", explica.

Vibraciones, fuente de información

El espectrómetro Raman, un equipo modular del tamaño de un escritorio, detecta las vibraciones de las moléculas de la piel e inicia su estudio a partir del acomodo vibratorio en regiones de luz, llamadas bandas Raman.

"Con el aparato se ilumina con una cierta longitud de onda y se observa la luz dispersada por la muestra. Sólo una diezmilésima parte de esa luz se expresa en las bandas Raman, que son de baja intensidad", detalla la especialista.

En esas bandas se identifican estructuras químicas, por ejemplo enlaces de carbono-hidrógeno que corresponden a ácidos grasos, o modelos de estiramiento molecular que revelan la presencia de proteínas como la queratina y la ceramida.

"La capa externa de la piel está constituida por queratina en un 75 por ciento, además de ceramida y ácidos grasos", comenta Mondragón, quien "lee" las milenarias estructuras moleculares gracias a un complejo mecanismo óptico y electrónico del aparato.

"Cada tipo de enlace tiene una configuración. Al analizar la estructura molecular mediante vibraciones, observamos qué pasó con esos enlaces a través del tiempo", explica la física, quien comprobó la momificación natural de las momias de 500 años localizadas en Chihuahua.

Para ampliar el estudio, Mondragón realizó análisis comparativos con muestras de una colección del INAH que reúne piel de reos que murieron hace un siglo en una prisión estatal de Puebla.

Las muestras de tres tipos de piel permitieron cotejar cantidades y estructuras químicas de proteínas y lípidos, degradación y contaminación. Y en un fomento a la multidisciplina, el análisis físico dio certidumbre al hallazgo antropológico.